¿Por qué Letras Hispánicas?




Tenía 12 años cuando decidí que quería ser ortodoncista  por el resto de mi vida. Estaba tan embelesada con mi propio ortodoncista, con su consultorio, sus pacientes... incluso con su secretaria, que ni siquiera me detuve a pensarlo. Mi futuro estuvo resuelto durante varios años. Así, miraba cómo los demás cambiaban de idea seguido, hacían test vocacionales, se partían la cabeza: "es que... ¿qué quiero?". Para mí era muy sencillo: me miraba con una bata blanca, guantes menta y aparatos ruidosos, que francamente siempre me han molestado. Simultáneamente seguía experimentando situaciones. En secundaria también formé parte de una especie de club de lectura con mis amigas. Leíamos de todo, en especial novelas juveniles. Al mismo tiempo, comenzaban mis primeras clases formales, o al menos conscientes, de literatura. Mis cursos, por ser una secundaria católica, se reducían a obras leíbles según los criterios de la escuela: clásicas europeas, ante todo. Yo me metía por completo entre las líneas: leer  historias, era eso lo que quería hacer. Infinidad de veces me reprendieron: "suelta ese libro ya". No recuerdo cómo supe que existía la carrera de Letras (que los adultos siempre referían como "Filosofía y letras") pero luego de un tiempo decidí que terminaría ortodoncia y luego estudiaría letras, porque debía mantenerme de algo.
La idea prevaleció hasta que me cambié de la UAG a la UdG: Prepa #7, mejor conocida como "la fresa #7". En cuarto semestre conocí al maestro Pedro Valderrama, que en ese entonces era mi profe de inglés. Un buen día una compañera de clase me dijo que el maestro Pedro preguntó si acaso yo escribía. ¿Cómo lo supo? Nunca lo sabré. La literatura ya había anidado profundamente en mí. Además de leer pasaba mucho tiempo imaginando historias, luego escribiéndolas. También tenía un blog donde las posteaba. En fin. El maestro Pedro me invitó a participar con algún cuento en un fanzine titulado DADA. Luego de un tiempo él me planteó la posibilidad de estudiar letras directamente. ¿Para qué esperar? Se me abrían, entonces, miles de posibilidades; ese universo por el que todos habían pasado. Al tiempo en que me hacía la idea se me ocurrían otras profesiones que también quería ejercer, como filosofía, psicología y psiquiatría. Al final me decidí por letras, solo letras, porque en su estudio también se conjuntaban las otras disciplinas que me interesaban. Investigué todas mis opciones en Guadalajara. Letras Hispánicas, decía la oferta en UdG, 167 puntos mínimo. No entré la primera vez que hice trámites. Había quedado 2 abismales puntos abajo del mínimo. Me deprimí enormemente. Por entonces mi mamá había caído en un infarto total: su ortodoncista se convertía en una desempleada. En mi lapsus depresivo le dije: "como no quedé en letras estudiaré mercadotecnia (carrera favorita de mi madre)". Había sido muy difícil para mí decir que era letras lo que quería estudiar cuando ya se había creado un futuro médico para mí. Yo estaba firme, pero a la vez me afectaba saber que iba sola, porque no tenía el apoyo más importante. Luego de unos días ella dijo: "mami, si estudiar letras es lo que te apasiona, entonces estudia letras". Evidentemente no estaba de acuerdo, pero había decidido darme su apoyo incondicional y fui aceptada en el calendario 2016A. 
Mis objetivos siempre estuvieron puestos en la literatura y la escritura. Luego, conocí la lingüística, ciencia de la que no recuerdo haber escuchado antes. A lo largo de estos nueve semestres en letras me he transformado radicalmente. Pienso que el cambio más significativo, quizá, fue haber pasado de leer por el placer de hacerlo a leer de forma crítica, a analizar problemáticas, a desentrañar lo que conforma un texto. Esa ruptura en mí genero frustración, pero también placer, porque su estudio ahora me permitía mirarlo desde otros ojos. Esas nuevas perspectivas no sólo me posibilitaban apreciar más las obras, sino que a la vez me sensibilizaban y hacían reflexionar.
Entrar a letras me abrió la posibilidad de conocer un mundo enorme, del cual a penas sabía algo. Si miro hacia atrás, puedo corroborar cómo ha evolucionado mi forma de pensar, de escribir y también de estudiar.
A mis motivaciones de antes se han agregado la investigación, la docencia y la gestión cultural. 
A veces siento que me gusta tanto todo que no me enfoco en nada particular. He cambiado y han cambiado vastos aspectos desde que entré a la carrera. Lo que se mantiene vivo es el placer por ese pequeño acto, erótico, diría el doctor Barrón, en el que un libro se abre ante mí.  















Comentarios

  1. Hola, Cynthia.
    Me parece muy curioso cómo cambiaste completamente respecto al camino que habías mentalizado para tu futuro cuando eras pequeña. Mi familia está llena de dentistas, así que me sentí un poco identificado mientras te leía. Qué bueno que hayas encontrado tu camino. :)
    Saludos.

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  2. Hola, Cynthia:
    Me siento muy feliz de que al final hayas ido por lo que de verdad querías, para mi eso es muy importante para ser feliz. Letras definitivamente transforma la vida de quien la estudia, te permite observar detalladamente cosas que antes no sabías que existían, no solo en los libros , sino también, en la vida en general. ¡Enhorabuena por ti!

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  3. ¡Hola! A mí me pasó como a ti: cuando iba en la secundaria yo quería ser psicóloga, aunque nunca lo visualice tan profundo como tú, pero luego las personas adecuadas entraron en mi vida y cambiaron mi rumbo, nuestro rumbo. Comparto totalmente tu perspectiva de la carrera; una vez que lees en Letras, ya no lees igual que antes.

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  4. ¡Hola, Cynthia!
    Soy también del grupo de los no admitidos su primer intento y entiendo completamente el dolor y la decepción, por suerte para nosotros fuimos apoyados por nuestros padres. Siempre ha sido un placer leerte y esta no es la excepción, convertiste una tarea en un cuentito sobre tu vida y se nota tu estilo en la elección de tus palabras.
    Por otro lado, yo también pensaba estudiar algo distinto, hasta pensé en filosofía y si no hubiera sido porque en la prepa conocí amigos de Letras en los talleres de lectura, nunca hubiéramos compartido profesión.
    Saludos, y mucho éxito.

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